La Comisión Europea presentó el 3 de junio su Paquete de Soberanía Tecnológica, que incluye una修订修订修订 Cloud and AI Development Act con el objetivo de triplicar la capacidad de centros de datos de la UE en cinco a siete años y reducir la dependencia de proveedores como Amazon, Microsoft y Google, que controlan cerca del 70% de la nube europea. La norma prohibirá a plataformas estadounidenses almacenar datos sensibles del sector público, endurecerá la Chips Act 2.0 con multas de hasta 300.000 euros y permitirá a Bruselas vetar contratos de suministro de chips en caso de escasez.
El plan, sin embargo, choca con obstáculos prácticos: solo dos de las cinco fábricas de IA emblemáticas europeas se financiarán antes de 2028, mientras SoftBank acaba de comprometer 75.000 millones de euros en centros de datos en Francia, eclipsando el programa comunitario. Frente a este cuello de botella, Islandia ofrece energía geotérmica e hidráulica casi 100% renovable, refrigeración natural gratuita y permisos rápidos. Operadores como Verne y Nscale ya despliegan 4.600 GPU Nvidia Blackwell Ultra en el país, y un proyecto de 50 megawatt avanza en Húsavík. Aun así, Islandia apenas reúne entre 80 y 150 megawatt de capacidad rastreada, una cifra marginal en el contexto continental.
El artículo argumenta que Europa dispone de un cinturón de ventajas geológicas similares (Noruega, Italia, Hungría) pero las trata como asunto secundario por la lentitud de los permisos, la falta de líneas de transmisión y la resistencia local a nuevas infraestructuras, bautizada con el acrónimo BANANA ("Build Absolutely Nothing Anywhere Near Anything"). Hasta que la UE no aborde estos cuellos de botella, su soberanía en IA seguirá dependiendo de centros de datos ajenos.
