Desde el 7 de julio de 2026, todos los vehículos nuevos vendidos en la Unión Europea deben incorporar de serie el sistema Advanced Driver Distraction Warning (ADDW), una cámara infrarroja orientada al rostro del conductor que detecta miradas fuera de la carretera durante más de 3,5 segundos en autopista o seis segundos a velocidad inferior. El sistema se activa automáticamente por encima de 20 km/h y emite avisos luminosos, sonoros o vibratorios; no puede desactivarse de forma permanente, ya que se reactiva tras cada arranque del motor.
El objetivo de la regulación es reducir la distracción al volante, un factor presente en entre el 5% y el 25% de los accidentes según estimaciones de la Comisión Europea. El paquete normativo asociado aspira a salvar más de 25.000 vidas antes de 2038. Sin embargo, pruebas realizadas por la plataforma belga Gocar.be y por usuarios particulares en un Ford Puma muestran que las alertas saltan también en condiciones normales, como mirar el paisaje o la pantalla del coche, y resultan agotadoras.
La normativa exige que el ADDW funcione en bucle cerrado, sin transmitir datos biométricos al fabricante o a terceros, pero no establece auditorías independientes, ni define plazos de conservación ni aclara qué ocurre con la información tras emitir la alerta. Expertos advierten de que, si los datos se filtran, podrían revelar hábitos, ubicación y ocupantes del vehículo, y ser explotados en suplantaciones de identidad o ataques de phishing. En marzo de 2024, una investigación de The New York Times reveló que fabricantes como GM, Honda, Kia, Hyundai y Mitsubishi ya compartieron patrones de conducción con los brokers LexisNexis y Verisk, que elaboraron perfiles de riesgo para aseguradoras.
