Un estudio publicado en la revista Nature, basado en imágenes de satélite entre 1982 y 2016, revela que la cobertura arbórea global aumentó 2,24 millones de kilómetros cuadrados —una superficie equivalente a sumar Texas y Alaska— pese a la deforestación tropical, los incendios y las sequías. Los autores, Xiao-Peng Song y Matthew Hansen, de la Universidad de Maryland, atribuyen el incremento a tres motores principales: el abandono de tierras agrícolas en Europa, Asia y Norteamérica; el avance de los bosques hacia latitudes polares por el aumento de temperaturas; y la masiva campaña de plantación de árboles de China. Las mayores ganancias se concentraron en Rusia (+790.000 km²), China (+324.000 km²) y Estados Unidos (+301.000 km²).
El panorama es muy distinto en los trópicos. Las selvas tropicales húmedas caducifolias perdieron 373.000 km², las pluviselvas tropicales 332.000 km² y los bosques tropicales secos 184.000 km², con una tasa de pérdida del 15 % en estos últimos. Brasil lidera la destrucción con 399.000 km² deforestados, más que la suma de Canadá, Rusia, Argentina y Paraguay. El trabajo subraya que el 60 % de los cambios de uso del suelo responden a la acción humana directa, porcentaje que alcanza el 70 % en la pérdida de cobertura arbórea.
Los investigadores diferencian entre cobertura arbórea y bosque: las plantaciones industriales de palma aceitera o madera pueden compensar estadísticamente la destrucción de bosque primario. Aun así, el estudio contradice las cifras históricas de la FAO, que registraban una pérdida neta de bosque entre 1990 y 2015, al señalar una ganancia neta del 7,1 % en la cobertura arbórea global desde 1982.
