Un estudio publicado en el Journal of the American Dietetic Association revela que la textura de los alimentos ultraprocesados influye directamente en la cantidad consumida. El equipo de Forde experimentó con 41 adultos sanos, dividiéndolos en dos grupos que seguían dietas de dos semanas compuestas al 95% por ultraprocesados. La única variable cambiante era la textura: en el primer grupo, los alimentos tenían una estructura 'evanescente' (como las patatas Pringles), mientras que en el segundo, la boca debía trabajar más para masticar.
Los resultados mostraron que el grupo con alimentos de textura evanescente consumió 117 gramos por minuto frente a los 82 del otro, lo que equivale a 2.671 calorías frente a 2.301, una diferencia del 15%. Esta diferencia se logró manteniendo la misma sensación de saciedad y satisfacción. La hipótesis sugiere que la saciedad depende del tiempo que la comida permanece en la boca; la estructura industrial de la comida basura impide que el cerebro procese la sensación de saciedad, permitiendo comer más sin que el individuo lo note. Este hallazgo explica por qué la industria alimentaria ha convertido la 'sensación en boca' en una prioridad de diseño, buscando maximizar la ingesta mediante texturas que se desvanecen rápidamente.
