Un artículo de opinión plantea la hipótesis de que el software, los libros, la música y la mayoría de los bienes y servicios digitales están siguiendo el mismo camino que la moda ultrarrápida: un mercado de dos niveles en el que lo generado por máquinas ocupa el segmento masivo y barato, mientras que el trabajo humano reconocible se refugia en un nicho de lujo.
El autor parte del modelo de TEMU y Shein —producción externalizada, compresión de costes y calidad ajustada para superar el filtro de una pantalla— para argumentar que los grandes modelos de lenguaje (LLM) ocupan hoy el lugar que antes tuvo la mano de obra barata: permiten producir software, textos y otros contenidos digitales a una fracción del coste anterior, con una calidad “suficiente” para muchos usuarios.
En el caso del software, el texto se apoya en datos de 2025: un informe de Veracode cifra en torno al 45% las muestras de código generado por IA que fallan pruebas de seguridad básicas; un estudio académico sobre Claude, Gemini, Codestral, GPT-4o y Llama-3 detecta incumplimientos de buenas prácticas y vulnerabilidades clasificadas (desbordamientos de búfer, credenciales hardcodeadas, inyección SQL); y un artículo peer-reviewed de IEEE-ISTAS documenta un aumento del 37,6% de vulnerabilidades críticas tras solo cinco iteraciones de prompt. El autor distingue entre el uso de estas herramientas por ingenieros experimentados y el “vibe coding” sin comprensión, que puede acumular deuda técnica y de seguridad difícil de revertir.
El artículo, explícitamente especulativo, cierra presentado como una hipótesis sobre un futuro aún no llegado, no como una predicción demostrada.
