La clase Occlupanida agrupa unos objetos de plástico pequeños y a menudo ignorados —los que cierran bolsas de pan, conocidos en inglés como bread tags— dentro de una taxonomía formal que parodia la biología. Estos objetos se encuadran en el reino Microsynthera y en el filo Plasticae, compartido con otros residuos plásticos menores como los tapones de zumo marcados con «45» o los soportes de discos de vinilo.
A diferencia de la biología real, los oclupánidos carecen de genética, registro fósil, dimorfismo sexual ni desarrollo que permitan clasificarlos. La metodología, por tanto, replica la usada por Carl Linnaeus en el siglo XVIII: agrupar por similitud morfológica, elaborar árboles complejos y dejar que las generaciones futuras resuelvan la filogenia. La estructura clave para establecer los taxones es la hendidura oral y, en concreto, la dentición presente o ausente en ella, un rasgo que determina tanto el nicho ecológico como la distribución biogeográfica del objeto.
La filogenia propuesta parte de la hipótesis de que los oclupánidos más basales se parecían a los Archignatha, y que los órdenes posteriores se diversificaron a medida que surgían nuevos nichos en el mundo civilizado: cuando apareció más variedad de bolsas, surgieron más órdenes y los más antiguos se redujeron. El conjunto funciona como un ejercicio de ciencia creativa que aplica el lenguaje de la sistemática a la cultura material desechable.
