La sequía ha dejado de ser un problema exclusivo del sur de España. En localidades del norte, históricamente húmedas, decenas de pueblos dependen ya del suministro de agua mediante camiones cisterna para ducharse, beber o atender al ganado. En Karrantza (Bizkaia), la Diputación Foral transporta entre 250.000 y 300.000 litros diarios de lunes a viernes, con dos vehículos que realizan una media de seis viajes al día hasta los depósitos de San Esteban y Ubal. El municipio no está conectado al Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia y depende de dos balsas, una de ellas fuera de servicio por un movimiento de tierras. En Cantabria, los ayuntamientos de Campoo de Suso, Las Rozas de Valdearroyo y municipios de Liébana reciben agua potable en depósitos y camiones cisterna para cubrir al menos tres meses de consumo básico. El Gobierno cántabro destina 300.000 euros a subvencionar hasta el 95 % del coste de estos servicios, con un máximo de 40.000 euros por ayuntamiento. En Asturias, la comunidad rural de La Figarona (Siero) paga más de 200 euros por cada camión de 15.000 litros y aplica cortes nocturnos de 22:00 a 8:00 para reservar agua. En Castilla y León, hasta 64 pueblos de Salamanca y nueve de Soria han precisado cisternas, y la Diputación de Soria repartió más de 3 millones de litros en 2025. También en los valles oscenses de Jaca, Graus o Bonansa escasean los caudales. La media de los embalses se sitúa en el 69 % de capacidad, pero ese dato solo protege a quienes están conectados a grandes redes. Los municipios dependientes de pozos y pequeñas balsas quedan al margen, lo que revela el déficit estructural de infraestructura hídrica en zonas rurales.
