El sánscrito, considerado durante mucho tiempo una lengua clásica confinada al ámbito académico y religioso, vive una inesperada revitalización impulsada por jóvenes, tecnología y redes sociales en la India. Prathosh AP, profesor asistente de aprendizaje automático en el Instituto Indio de Ciencias de Bengaluru, creó Vagdhenu, una herramienta capaz de convertir cualquier verso sánscrito en recitación tradicional (parayana) mediante inteligencia artificial; la aplicación ha recibido dos millones de visitas y 1.500 descargas, y su autor trabaja ahora en un sistema de retroalimentación que permitiría corregir la pronunciación del usuario.
En paralelo, comunidades urbanas como la de Samashti Gubbi, conocida como sanskritsparrow en Instagram, han convertido el sánscrito en una lengua cotidiana: organiza paseos conversacionales por Cubbon Park en Bengaluru, gestiona el grupo de WhatsApp Kimbho —con cerca de mil miembros— y ha fundado Kimbho Sanskrit Riders' Club, una expedición en motocicleta a una finca de café en Kodagu donde se habla exclusivamente en sánscrito durante dos días. En enero, 21 corredores de Samskrita Bharati participaron en el maratón de Bombay bajo el lema de los 150 años del himno Vande Mataram.
El fenómeno se apoya en una infraestructura institucional sólida: la Universidad Central de Sánscrito declara 13 campus y 260 instituciones afiliadas, y los presupuestos para lenguas indias ascendieron a 347,03 crore de rupias en 2025-26. A ello se suma la división de Sistemas de Conocimiento Indio, creada en 2020, que coordina 91 centros. El scholar Radhavallabh Tripathi destaca además la eclosión literaria: nuevas revistas, poesía dalit, traducciones desde lenguas indias hacia el sánscrito y la introducción de formas japonesas y coreanas como haiku y tanka, todo lo cual demuestra que la lengua sigue reinventándose.
