La salmonicultura transformó Noruega; ahora lidia con sus consecuencias ambientales

Fuentes: Salmon farming transformed Norway. Now it's facing the consequences

Noruega, que en cinco décadas pasó de criar salmones del Atlántico en fiordos a controlar más de la mitad del suministro mundial de esa especie, enfrenta hoy el coste ecológico de su propio éxito. La industria, valorada en 18.000 millones de dólares y segundo exportador del país tras el petróleo, emplea a decenas de miles de personas y ha remodelado aldeas pesqueras remotas en polos industriales.

El reportaje del programa Foreign Correspondent documenta cómo los residuos de las granjas —heces, orina y pienso no consumido— escapan por las redes abiertas y fertilizan los fiordos, favoreciendo proliferaciones de algas dañinas que asfixian bosques de quelpos y agotan el oxígeno. El biólogo Tom Pedersen, regulador regional, constató caídas de hasta un tercio en el oxígeno de las zonas profundas del Hardangerfjord desde los años cincuenta y rechazó solicitudes para cuadruplicar la producción.

La demanda global de salmón se ha duplicado en 25 años y la producción noruega creció casi 200.000 toneladas el último año, pero ha crecido también la cuota de peces de menor calidad con heridas y defectos, conocidos como «production fish». Sjømat Norge, el influyente lobby del sector, defiende que la actividad opera dentro de límites ambientales. El reportaje describe los fiordos como un ecosistema al límite y plantea si la expansión puede sostenerse sin agravar el daño.