La raza bovina Rubia Gallega ha perdido más de la mitad de sus efectivos inscritos en una década: de las 66.162 cabezas de 2013 se ha pasado a unas 31.000, y las explotaciones dedicadas a su cría cayeron un 42% entre 2013 y 2022, según el registro estatal ARCA. Al mismo tiempo, su cotización crece: la IGP Ternera Gallega cerró 2025 con precios superiores a 8 euros por kilo en canal y una facturación cercana a 173 millones de euros, pese a certificar menos canales que en 2024. El cruce con razas como South Devon, Limusín, Charolesa o Blonde d'Aquitaine, que aporta kilos extra al ternero, explica parte del retroceso, ya que diluye los rasgos que hacen singular a la raza, como el parto fácil y la capacidad lechera. La paradoja es que el verdadero negocio exportador no es la carne, sino el semen: más de 300.000 dosis anuales salen a mercados como Brasil, Uruguay, Polonia, México, Turquía o Indonesia, mientras la exportación directa de carne apenas alcanza el 4%. El tirón internacional se ha alimentado de gestos como la visita del actor Henry Cavill a granjas de A Coruña y Lugo, las declaraciones del chef Gordon Ramsay o la elogiosa valoración de la actriz Eva Longoria durante la grabación de su programa para CNN. Además, ninguna etiqueta exige identificar la raza exacta en el matadero: la IGP Vaca Gallega-Buey Gallego ampara hasta once razas y sus cruces, por lo que adquirir "carne gallega" no equivale a comprar Rubia Gallega pura. Frente a este cóctel de escasez y demanda, Agacal y Xenética Fontao desarrollan un proyecto de rescate genético para preservar el material de vacas con rasgos maternales tradicionales y devolverlo a los ganaderos.
