Diseñadores y marcas de moda están incorporando en sus prendas patrones "adversariales": combinaciones de formas, colores y motivos repetidos concebidos para explotar debilidades de algunos sistemas de visión por computador y dificultar el reconocimiento facial. El cofundador de Vollebak, Nick Tidball, sostiene que la ropa antisupervisión está a punto de popularizarse: bastaría con que una celebridad la luciera en un acto de alto perfil para que se convierta en tendencia de masas.
El auge de esta moda coincide con la expansión en el Reino Unido del reconocimiento facial basado en IA generativa, usado por policías, comercios y empresas privadas. El regulador británico de biometría ha reclamado más legislación y un organismo de control ante el riesgo de uso indebido y la mayor tasa de falsos positivos sobre personas negras y asiáticas. Una encuesta reciente indica que casi el 60% de la población británica considera esta tecnología un paso hacia una sociedad vigilada.
Marcas como Urban Privacy y Cap_able venden ya estas prendas en gamas de precio accesibles. Urban Privacy ha lanzado una gabardina con LED infrarrojos en la capucha para cegar cámaras nocturnas, y su cofundador Daniel Preuß afirma que sus estampados buscan saturar los algoritmos con múltiples rostros simultáneos. Expertos como la doctora Jennifer Bell, de la Nottingham School of Art & Design, advierten de que ninguno de estos productos está probado de forma independiente y que los sistemas de vigilancia pueden adaptarse, aunque la dimensión simbólica y de protesta pública resulta clave. Tidball concluye que, si estas prendas demostraran ser eficaces, podrían prohibirse por ley.
