El patrimonio neto medio de los hogares griegos ha alcanzado los 117.936 euros, un 23% más que en los mínimos posteriores a la invasión rusa de Ucrania, según datos del Banco Central Europeo. Sin embargo, la riqueza media todavía se sitúa casi un 20% por debajo del nivel de 2009, antes de que la crisis de deuda soberana desencadenara una de las peores recesiones de una economía avanzada en tiempos de paz. Entre 2009 y 2016, el patrimonio medio se desplomó un 35%, y el PIB real griego sigue siendo casi un 14% inferior al pico de 2007.
A pesar de indicadores macroeconómicos favorables —crecimiento superior a la media de la eurozona desde 2018, inversión extranjera directa de 11.900 millones de euros en 2024 y la salida del procedimiento de desequilibrios macroeconómicos de la UE—, la prosperidad se distribuye de forma desigual. El PIB per cápita se mantiene un 25% por debajo de 2009 y un tercio inferior a la media europea, mientras que la productividad apenas alcanza la mitad del promedio de la UE.
El coeficiente de Gini ha mejorado, al pasar de 34,2 en 2015 a 31,6 en 2025, pero el 68% de los hogares griegos afirma tener dificultades para llegar a fin de mes, frente al 19% en el conjunto de la UE. Casi un 35% de la población se considera pobre y más del 80% percibe las desigualdades de ingresos como excesivas. Familias monoparentales, hogares con hijos dependientes y jóvenes de entre 16 y 24 años concentran los mayores índices de vulnerabilidad, en un contexto de elevado desempleo de larga duración, fuerte peso de la economía informal y dependencia del autoempleo. La vivienda se ha convertido en uno de los problemas más acuciantes, con alquileres disparados por el turismo y la inversión extranjera, que devoran una proporción creciente de la renta disponible.
