Un estudio publicado en PNAS y basado en datos de más de 64.000 personas nacidas en el Reino Unido entre 1951 y 1956 relaciona la exposición al azúcar durante los primeros 1.000 días de vida —desde la concepción hasta los dos años— con una menor incidencia de cáncer y un envejecimiento biológico más lento en la edad adulta. Los autores aprovecharon el fin del racionamiento de azúcar en septiembre de 1953, que casi duplicó su consumo, para comparar personas con distinta exposición temprana: las nacidas antes pasaron más de esos 1.000 días bajo racionamiento, mientras que las nacidas después vivieron una parte creciente de esa etapa con libre acceso al azúcar. Utilizando el Biobanco del Reino Unido, los investigadores detectaron una menor incidencia de cinco tipos de cáncer —mama, próstata, hígado, recto y pulmón— entre quienes pasaron más tiempo bajo racionamiento. La reducción más marcada fue en cáncer de hígado, con tasas un 69% menores, y la menor, en cáncer de mama, un 36%. Además, estas personas presentaban telómeros más largos, equivalentes a unos 2,2 años de envejecimiento biológico más lento, y niveles más bajos de granzima B, una proteína asociada al desgaste del sistema inmunitario. El hallazgo más llamativo, según los autores, es que la exposición temprana al azúcar siguió condicionando la dieta medio siglo más tarde: quienes vivieron más meses bajo racionamiento consumían menos azúcar y llevaban dietas más variadas en torno a los 50 años. Los investigadores señalan dos mecanismos posibles: uno biológico, ligado al desarrollo metabólico e inmunitario, y otro conductual, asociado a la preferencia duradera por sabores menos dulces. Otros estudios ya habían asociado el racionamiento temprano con menor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, demencia, alzhéimer y enfermedades cardiovasculares.
