La resistencia a los centros de datos fractura la política estadounidense

Fuentes: How Data Centers Broke American Politics

El repentino auge de los centros de datos impulsado por la carrera de la inteligencia artificial ha provocado una ola de rechazo social sin precedentes en Estados Unidos que une a rivales políticos de toda la vida. Un artículo de Wired, firmado por la periodista que viajó a Atlanta para cubrir el fenómeno, documenta cómo la construcción masiva de estas instalaciones — promocionada por los gigantes tecnológicos y respaldada por la Administración Trump mediante la eliminación de trabas ambientales— ha pasado de ser invisible a convertirse en un foco de indignación popular.

Una encuesta reciente de Gallup sitúa en el 70% el porcentaje de estadounidenses que se oponen, en mayor o menor medida, a la construcción de centros de datos en su entorno. La oposición se ha traducido en moratorias aprobadas en al menos una docena de estados, incluido Georgia, y ya vigente en Nueva York; en prohibiciones locales en condados conservadores como Hill County (Texas); y en incidentes violentos como el ataque al concejal pro-centros de datos Ron Gibson, en Indianápolis, o al consejero delegado de OpenAI, Sam Altman. En Nueva Jersey, California, Wisconsin e Indiana se ha detenido o arrestado a personas que protestaban en reuniones públicas.

El reportaje retrata el caso del campus de xAI en Memphis, instalado con turbinas de gas sin permisos en un barrio mayoritariamente negro ya afectado por la contaminación, y recoge el activismo de figuras como Joe Allen, convertido en referente antisilista tras aparecer en el podcast War Room de Steve Bannon. La resistencia agrupa a nimbistas clásicos, a la derecha populista —Marjorie Taylor Greene y Thomas Massie— preocupada por la moratoria federal a regulaciones estatales de IA, a comunidades religiosas y a grupos progresistas, configurando un movimiento transversal que, según la autora, Washington no había anticipado.