Durante gran parte del siglo XX, la medicina occidental consideraba normal una presión arterial sistólica de 170 mmHg en un paciente de 70 años, basándose en la regla de '100 más la edad'. Esta creencia, que ignoraba el riesgo cardiovascular real, costó millones de vidas y culminó en la muerte del presidente Franklin D. Roosevelt en 1945. A pesar de que su presión arterial se elevó a 300/190 mmHg antes de su fallecimiento por hemorragia cerebral, la comunidad médica no tomó medidas preventivas debido a la falta de protocolos y la visión de la hipertensión como un fenómeno fisiológico inofensivo.
La situación comenzó a cambiar en 1931, cuando el doctor John Hay criticó esta 'creencia popular' y propuso puntos de corte más bajos, aunque sus advertencias fueron ignoradas. El punto de inflexión llegó en 1957 con el Estudio Framingham, que demostró que la presión sistólica era un predictor clave de cardiopatía coronaria. Sin embargo, la adopción de estas guías tardó hasta 1977, cuando se publicó el primer protocolo clínico estandarizado. Hoy, la regla de '100 más la edad' ha desaparecido por completo, reemplazada por objetivos de presión arterial más restrictivos y basados en evidencia científica, aunque el legado de esa ceguera médica sigue siendo un recordatorio de la importancia de la actualización constante de los protocolos clínicos.
