La reescritura de Bun en Rust: ¿terminada o en marcha?

Fuentes: tipiirai.com, How is the Bun Rewrite in Rust Going?

La promesa de una reescritura exprés de Bun en Rust, anunciada el pasado 8 de julio por su creador Jarred Summner como culminada en apenas once días gracias a la inteligencia artificial de Anthropic, empieza a hacer agua. Aunque el comunicado oficial habla de un trabajo completado entre el 3 y el 14 de mayo de 2026 a razón de 165.000 dólares en llamadas a la API, varias voces del ecosistema open source sostienen que el proyecto sigue muy lejos de estar cerrado y cuestionan tanto los plazos como los costos reales.

El desarrollador Thomas Lockwood, en un análisis publicado el 27 de julio, señala que han transcurrido once semanas desde el último tag estable de Bun, el v1.3.14 del 12 de mayo, sin que se haya publicado una nueva versión. La única pausa comparable en la historia del proyecto se remonta a finales de 2022, cuando se saltó noviembre entre las versiones 0.2.2 y 0.3.0. Lockwood también destaca que los pull requests abiertos atribuidos a robobun —un proxy de las contribuciones generadas con Claude Code— pasaron de 1.277 el 9 de julio a 2.475 apenas dos semanas después, y que el número total de PRs abiertos en el repositorio supera los 5.000.

El autor profundiza en los costos ocultos. Asegura que, además de los 15.000 dólares diarios en tokens, el sistema de integración continua Buildkite de Bun estuvo funcionando de forma casi ininterrumpida desde la supuesta finalización del trabajo, con pipelines que tardan entre 40 minutos y hora y media en ejecutarse. A ese ritmo, fusionar todos los PRs pendientes tomaría unos 86 días de pipeline continuo. Si el gasto diario se mantuviera en torno a los 10.000 dólares, el costo acumulado se acercaría a los 800.000 dólares, muy por encima de la cifra original. Lockwood subraya además la implicación directa de empleados de Anthropic en el código y recuerda que proyectos similares —el compilador en C de Anthropic y el navegador FastRender de Cursor— llevan meses sin recibir commits.

Por su parte, el desarrollador Tipi Rai aporta una mirada desde la comunidad de usuarios. Asegura haber migrado toda su maquinaria a Bun desde 2022 y haberlo usado en proyectos como el framework Nue y la nueva plataforma Hertta. Sin embargo, critica que la cuenta oficial del proyecto, que antes anunciaba cada novedad con fechas y cifras concretas, ha pasado a un tono de promesas vagas y reiteradas sobre un lanzamiento inminente. Tras tres meses sin release estable —el mayor hiatus desde 2022— la reacción en redes se ha vuelto cáustica: mensajes que ironizan sobre el huso horario de Summner, amenazas de migrar a Go y acusaciones de vender humo.

Rai aporta además otro dato llamativo: en el último mes se contabilizaron 15.800 commits de robobun, 1.600 del bot autofix-ci y apenas 790 del fundador del proyecto. Esa distribución ilustra la magnitud del experimento: un proyecto open source cuyo ritmo de desarrollo está dominado por código generado por un modelo de IA comercial vinculado a una de las compañías más valoradas del sector.

En conjunto, ambas fuentes dibujan una misma conclusión con matices distintos. Lockwood pone el foco en la economía real de la operación y en la conveniencia de ser prudentes ante cifras que sustentan valuaciones millonarias. Rai incorpora la perspectiva del usuario final, hastiado de una comunicación que ha pasado de la ingeniería a la expectación. La pregunta de fondo que ambos formulan —si la reescritura está realmente terminada y si los resultados justifican la inversión— sigue sin respuesta oficial. Mientras tanto, el reloj de Bun avanza y la próxima release continúa sin fecha concreta.