Un conjunto creciente de estudios científicos advierte de que el aumento de lanzamientos de cohetes y la reentrada atmosférica de satélites, impulsado por las megaconstelaciones orbitales como Starlink de SpaceX, está inyectando en la estratosfera compuestos que dañan la capa de ozono y alteran el clima. Investigaciones publicadas entre 2022 y 2025 cuantifican el problema desde distintos ángulos. Ryan et al. (2022) calcularon que las partículas de hollín de los cohetes son unas 500 veces más eficientes que las de cualquier otra fuente para calentar la atmósfera. Murphy et al. (2023) detectaron en partículas estratosféricas más de 20 metales procedentes de la reentrada de naves, y estimaron que, con el crecimiento previsto de las megaconstelaciones, hasta la mitad de esas partículas podrían contener restos metálicos en las próximas décadas. Ferreira et al. (2024) concluyeron que los óxidos de aluminio generados al desintegrarse los satélites tardan hasta 30 años en descender desde la mesosfera hasta la capa de ozono, donde catalizan la activación de cloro y favorecen su destrucción. Maloney et al. (2025) modelizaron una acumulación de entre 20 000 y 40 000 toneladas de alúmina a gran altitud, asociada a anomalías térmicas de 1,5 K en la atmósfera media. Por último, Revell et al. (2025) estimaron que, en un escenario de 2040 lanzamientos anuales, la columna total de ozono antártico en primavera podría reducirse hasta un 3,9 % en 2030, frenando la recuperación lograda por el Protocolo de Montreal. Los autores coinciden en que urge regular el sector aeroespacial para compatibilizar su expansión con la protección del ozono estratosférico.
