La oposición social y política a la inteligencia artificial se intensifica en Occidente y empieza a extenderse a otras regiones, según un análisis de The Economist. En Estados Unidos, las protestas contra los centros de datos han frenado proyectos valorados en cerca de 100.000 millones de dólares, grandes donantes enfrentados por la IA han inyectado decenas de millones en una carrera al Congreso en Manhattan y alrededor del 40% de los votantes pide su prohibición en la mayoría de las industrias. En Corea del Sur, los trabajadores de Samsung amenazaron con una huelga para obtener compensaciones tras el repunte de beneficios del sector de chips.
El artículo sostiene que la reacción apenas empieza porque la propia tecnología está dando sus primeros pasos. El primer ministro británico en funciones, Andy Burnham, apenas ha mencionado la IA, y los estadounidenses la sitúan en el puesto 29 de 39 asuntos electorales. The Economist advierte de que los conflictos se multiplicarán a medida que la IA transforme más sectores, y plantea cómo deben prepararse gobiernos y empresas para gestionar este creciente rechazo social.
