La rana de lluvia del desierto, que se hizo viral en internet por el chirrido agudo que emite al sentirse amenazada, ha sido incluida en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie en riesgo de extinción. Vive exclusivamente en una franja de dunas de arena de unos diez kilómetros de ancho en el sur de África, donde se entierra para desplazarse, alimentarse y respirar, un hábitat tan específico que la especie no se encuentra en ningún otro lugar del planeta.
El principal peligro inmediato procede de la minería de diamantes y de proyectos energéticos previstos en la zona. Conservacionistas estiman que su población disminuirá un 20 % en las próximas dos décadas. Benjamin Tapley, conservador de anfibios y reptiles de la Sociedad Zoológica de Londres, advierte de que el aspecto singular de estos anfibios puedeconvertirse en una amenaza si aumenta la demanda de coleccionistas.
La rana aparece en una evaluación más amplia de la UICN que ha examinado 175.909 especies de plantas, animales y hongos, de las cuales 49.505 están amenazadas. El organismo alerta de que las especies adaptadas a entornos extremos sufren una presión creciente por la pérdida de naturaleza. Entre los casos preocupantes figuran un diminuto caracol de fuentes hidrotermales del fondo marino, ahora en peligro crítico por los planes de minería submarina, y el mostajo de Wilmott, un árbol del que quedan menos de 50 ejemplares en el Avon Gorge, cerca de Bristol.
La UICN también destaca una buena noticia: el numbat, un marsupial australiano que llegó a reducirse a unos pocos cientos de individuos, se está recuperando gracias a décadas de programas de conservación, lo que demuestra que incluso las especies al borde del colapso pueden remontar con apoyo sostenido.
