El volumen de productos de alimentación vendidos en Estados Unidos ha entrado en una fase de contracción sostenida. Según un análisis de datos de NielsenIQ elaborado por Bain & Company, desde febrero de 2026 las unidades vendidas cayeron lo suficiente para arrastrar las ventas totales a la baja, pese a que los precios siguen subiendo entre un 2% y un 3% interanual, en línea con la inflación de los alimentos para el consumo en el hogar. Las unidades acumulan un descenso cercano al 2% interanual en la mayoría de los meses desde febrero, lo que confirma que los consumidores están comprando menos productos.
La presión sobre las familias se intensificó a finales de 2025 y durante 2026. La participación en el programa de asistencia nutricional SNAP se redujo de forma significativa tras el recorte de beneficios, y un endurecimiento de los requisitos de elegibilidad en 2026 afectó a los hogares de menores ingresos. En marzo, los precios de la gasolina subieron más de un 20%, restando margen a los presupuestos semanales. A esto se suma un alza acumulada del 33% en los precios de la alimentación desde 2019 y un crecimiento menguante de la renta disponible. El índice de salud del consumidor de Bain sitúa la intención de gasto de los hogares de ingresos medios y bajos en niveles iguales o inferiores a la media histórica.
El 80% de los estadounidenses afirma que sigue intentando gastar menos y un 28% recorta activamente su gasto en alimentación. Entre quienes ajustan su cesta, un 56% opta por marcas más baratas, un 49% compra menos productos y un 44% apela a cupones y promociones. Los establecimientos de descuento, mass y club ganan cuota, pero la caída del volumen total apunta a un periodo prolongado de ventas débiles para el conjunto del sector.
