La radio que amé ya no existe, y es una pena

Fuentes: It's a shame what's happened to radio

Un columnista veterano recuerda sus nueve años como locutor de radio —entre la estación universitaria WMHD y las emisoras profesionales WBOW y WZZQ de Terre Haute— para lamentar el rumbo que ha tomado el medio desde que dejó los micrófonos en 1994. Identifica tres fuerzas que, en su visión, han vaciado de sentido la radio comercial: el envejecimiento de su público objetivo (los anunciantes priorizan a mujeres treintañeras, explica, lo que concentra el dial en pop Adult Contemporary y country con bloques musicales largos y poca interacción); la desregulación que permitió la entrada de grandes corporaciones dueñas de cientos de emisoras, sustituyendo el talento local en vivo por satélite y por el "voicetracking", técnica por la que un locutor graba varios turnos desde otra ciudad; y la llegada del Portable People Meter, que mide audiencias en tiempo real y ha empujado a las emisoras a programar bloques cada vez más cortos y anónimos. El autor repasa además el destino de estaciones y colegas que marcaron su carrera: WKLU cambió de formato y envió al aire a Tom Berg, fallecido después de cáncer; Steve Simpson, de WIBC, fue despedido tras negarse a alinear su informativo con un sesgo conservador y se retiró en 2026 desde WCCO en Minneapolis. Las emisoras por las que pasó ya no existen: laWMHD renunció a su licencia en 2014 y el dueño de WBOW y WZZQ la perdió por problemas legales. El articulista cierra su reflexión señalando que la mitad de la irrelevancia actual de la radio es responsabilidad del propio medio.