La pérdida del olfato: una afección silenciada que la covid sacó a la luz

Fuentes: When the ability to smell goes away

El olfato es un sentido al que rara vez se presta atención hasta que desaparece. Hasta un 22 % de la población mundial vive con algún grado de alteración olfativa, según estimaciones recientes publicadas en Chemical Senses. Las formas más conocidas son la hiposmia (pérdida parcial) y la anosmia (pérdida total), pero existen también trastornos como la fantosmia, en la que se perciben olores inexistentes, y la parosmia, que distorsiona aromas cotidianos como el café o el champú hasta hacerlos insoportables. Durante décadas estas condiciones fueron mal diagnosticadas, poco investigadas y minimizadas por los profesionales sanitarios, que a menudo indicaban a los pacientes que aprendieran a convivir con ellas.

La pandemia de covid-19 cambió esa percepción. De los más de 780 millones de casos confirmados por la OMS desde diciembre de 2019, un 60 % de los infectados experimentó pérdida de olfato, según una encuesta de 2023 publicada en Laryngoscope, en su mayoría de forma temporal. La coincidencia de millones de personas perdiendo simultáneamente este sentido impulsó una oleada de investigación sin precedentes. Testimonios como el de Chrissi Kelly, que perdió el olfato hace 14 años tras un virus contraído en la República Checa y fundó una organización de apoyo a pacientes, ilustran el impacto profundo que la anosmia tiene en la identidad y la calidad de vida. La evidencia científica creciente apunta además a una conexión directa entre el olfato y la salud cerebral, lo que convierte a este sentido en un campo de estudio con implicaciones que van mucho más allá de la mera percepción de aromas.