La ciencia revela que las Áreas Marinas Protegidas (AMP) ofrecen una eficacia mucho menor de la esperada. Aunque organismos como Protected Planet y UNEP-WCMC registran que cerca del 9,79% del océano está bajo algún tipo de protección marina, el medio Phys señala que menos del 2% corresponde a AMP donde los ecosistemas realmente se recuperan. En 2025, la protección total o alta apenas cubría el 3,81% del océano, frente al 5,81% de zonas con protección mínima, lo que evidencia que la expansión de superficie no se ha traducido en una protección estricta proporcional.
Un estudio de PNAS de 2024, basado en más de 14.000 censos, estima un aumento mediano de biomasa de peces del 58,2% en áreas de prohibición total, frente al 12,6% en zonas de uso múltiple. Al controlar factores de confusión con modelos bayesianos, la diferencia se reduce al 8,3%, lo que sugiere que las áreas de uso múltiple pueden ser comparables a las de prohibición total si cuentan con personal y regulaciones adecuadas. Para que una reserva marina funcione, la ciencia recomienda prohibir la pesca, aplicar las normas, superar los diez años de antigüedad y garantizar el aislamiento del hábitat.
El cambio climático agrava el problema: un estudio de 2026 sobre 2.800 arrecifes tropicales muestra reducciones del 120% en la biomasa de peces psicróvoros, y las AMP solo compensan alrededor del 5% de esas pérdidas, con beneficios claros solo en áreas antiguas y totalmente protegidas.
