Las Academias Nacionales de Ciencia de Estados Unidos, creadas durante la Guerra Civil para asesorar al Gobierno, atraviesan su momento más tenso con el poder político. Una información de Politico revela el deterioro de la relación entre la institución y los republicanos, en un contexto de creciente presión sobre los organismos científicos federales. El detonante es un informe en preparación que atribuye fenómenos meteorológicos extremos al cambio climático antropogénico, un trabajo que preocupa a las compañías de combustibles fósiles porque podría sustentar demandas por responsabilidad climática. Las petroleras han trasladado su inquietud a los políticos de su órbita, que han intensificado la presión sobre la organización. Hasta ahora, la Academia había sorteado la confrontación directa con el Gobierno de Donald Trump: su presidenta, Marcia McNutt, evitó mencionar los ataques a la ciencia en sus discursos anuales sobre el estado de la ciencia. Sin embargo, la disputa por proyectos heredados de administraciones anteriores, como la cuarta edición del Reference Manual on Scientific Evidence —elaborada para el Centro Judicial Federal para orientar a jueces en cuestiones científicas—, ha situado a la institución en el centro del conflicto. El caso pone a prueba la capacidad de las Academias para mantener su independencia y credibilidad ante el Ejecutivo.
