Lucas tenía 16 años cuando pirateó los ordenadores de su instituto en dos ocasiones para jugar y visitar webs bloqueadas. Su madre, asustada, llamó a la policía y un agente del programa nacional Cyber Choices visitó su casa en Cumbria. Desde entonces, el agente Sam Cooper trabaja con él y con decenas de otros adolescentes, primero explicándoles las consecuencias legales del pirateo y después orientándolos durante meses hacia formación profesional en ciberseguridad, con reuniones individuales y visitas a universidades.
Cyber Choices, también conocido como Cyber Prevent, funciona en paralelo al esquema Prevent antiterrorista. En los últimos ocho años la Agencia Nacional del Crimen (NCA) ha atendido más de 1.150 casos, casi 600 solo en los últimos tres. Las autoridades británicas advierten del creciente protagonismo de jóvenes hackers anglófonos en ciberataques graves contra organizaciones como Transport for London, MGM Grand, Marks & Spencer y Co-op.
Cooper señala que la mayoría de los jóvenes atendidos son neurodivergentes, a menudo con autismo, y presentan mayor afinidad con los ordenadores que con la realidad social. Algunos críticos temen que enseñarles habilidades técnicas los convierta en delincuentes más capaces, pero el responsable de prevención de la NCA, Paul Foster, defiende que la alternativa sería peor. Izak, de 21 años, es un caso de éxito: tras piratear su instituto a los 15, pasó del cibercrimen a trabajar como profesional de ciberseguridad en Leicestershire.
