La plutocracia deportiva estadounidense se sostiene en privilegios legales

Fuentes: The American Sports Plutocracy Is Bullshit

El empresario Mark Walter vendió esta semana la mayoría de los Lakers de Los Ángeles al capitalista de riesgo Josh Kushner y al exdirector ejecutivo de Disney Bob Iger por 12.500 millones de dólares, apenas un año después de haber adquirido una participación mayoritaria en el equipo por 10.000 millones. La operación, la más cara jamás pagada por una franquicia deportiva, se cierra mientras Walter enfrenta una investigación federal por posibles fraudes en sus compañías de seguros, lo que lo obligó a buscar liquidez con urgencia. La reventa con una prima del 25 % por no haber realizado gestión deportiva alguna ilustra, según el artículo, un modelo de negocio que permite a los multimillonarios multiplicar su patrimonio simplemente por poseer un activo artificialmente escaso.

El texto sostiene que las ligas profesionales estadounidenses funcionan como carteles legales protegidos de la ley antimonopolio: el número de franquicias es limitado, los acuerdos de retransmisión están exentos del escrutinio antitrust desde la Sports Broadcasting Act de 1961 y la negociación colectiva con los jugadores fija topes salariales y reglas de draft que estabilizan el valor de cada franquicia. A ello se suma el sistema de financiación pública de estadios, con el ejemplo del Yankee Stadium de 2009, cuyo coste de 2.500 millones se cubrió en 1.700 millones con bonos municipales libres de impuestos, lo que supuso un subsidio federal superior a 400 millones. El argumento central es que la combinación de escasez artificial, subsidios estatales y exenciones legales convierte la propiedad deportiva en una máquina de enriquecimiento oligárquico que nada tiene que ver con la creación de valor empresarial.