El Ministerio de Defensa y el CNI han expresado su preocupación por la instalación de una fábrica de SAIC Motor en el puerto exterior de Ferrol, a pocos kilómetros del Arsenal de la Armada y de los astilleros de Navantia, donde se construyen las fragatas F-110 equipadas con el sistema de combate Aegis y se gestionan programas militares sensibles. La planta, valorada en unos 200 millones de euros, tiene previsto ensamblar hasta 120.000 vehículos eléctricos al año —bajo la marca MG— y generar alrededor de 1.000 empleos directos, con el objetivo de esquivar los aranceles comunitarios a los coches chinos. Las alertas no se centran en la producción automotriz, sino en el riesgo de espionaje: seguimiento de movimientos de buques, ciberataques o captación de personal de empresas auxiliares que prestan servicio a la Armada. El temor se extiende a la imagen de Navantia ante socios como Estados Unidos o la OTAN. La Xunta defiende el proyecto como revulsivo industrial para una comarca castigada por la desindustrialización y ha acelerado los trámites, mientras el Ejecutivo central debe autorizar la inversión por tratarse de capital extranjero. El caso se inscribe en una tendencia europea: participaciones de empresas estatales chinas en puertos como El Pireo, Valencia, Bilbao, Hamburgo o Amberes están siendo revisadas ahora desde la óptica de la seguridad nacional.
