Un equipo de la Universidad del País Vasco, junto con las universidades de Palermo y Granada, ha demostrado que la Península Ibérica está rotando en sentido horario respecto al resto de Europa, al desplazarse hacia el oeste a consecuencia de la convergencia entre las placas euroasiática y africana, que se acercan entre cuatro y seis milímetros al año. El hallazgo, basado en datos geodésicos GNSS desde 1999 y registros sísmicos desde los años ochenta, ha permitido delimitar con más precisión el difuso borde entre ambas placas en el Mediterráneo occidental.
Los investigadores explican que el llamado Arco de Gibraltar actúa como amortiguador en la parte oriental del estrecho, mientras que en el suroeste la colisión es directa, lo que provoca la rotación horaria de Iberia. A diferencia de la península, Italia y la placa de Anatolia —que incluye la mayor parte de Turquía— giran en sentido contrario.
El estudio, publicado en la revista Tectonophysics, indica que la rotación proseguirá unos 20 millones de años al ritmo actual y que en aproximadamente 50 millones de años se acelerará, con una eventual colisión entre Iberia y Marruecos que cerraría el Mediterráneo en unos 100 millones de años, en consonancia con la hipótesis de Pangea Última. A corto plazo, el trabajo permitirá identificar mejor fallas activas y estructuras tectónicas en los Pirineos occidentales y en la región de Cádiz y Sevilla, mejorando la estimación del riesgo sísmico.
