La película Artificial critica a los creadores de la IA con humor negro

Fuentes: Artificial Mocks AI Creators in Dark Comedy at NYFF, theverge.com

La película 'Artificial', dirigida por Luca Guadagnino, ha generado una intensa controversia tras su estreno en el Festival de Cine de Nueva York (NYFF), donde se ha posicionado como una sátira mordaz y humor negra sobre la industria de la inteligencia artificial. El filme, que se presenta como una biografía satírica de Sam Altman, el CEO de OpenAI, retrata a los principales actores de la revolución tecnológica no como titanes benevolentes, sino como figuras vanas, desenfrenadas y aburridas, desafiando la narrativa tradicional de Silicon Valley.

El desarrollo de la obra se centra en la relación entre Altman, interpretado por Andrew Garfield, y Ilya Sutskever, cofundador de OpenAI, interpretado por el actor ruso Yuri Borisov. Según Wired, la película es 'casi completamente desfavorable', mostrando a Altman y a otros stakeholders como 'dweebs' (personas aburridas y desinhibidas) que priorizan el crecimiento exponencial y el capital sobre la seguridad ética. En contraste, The Verge destaca que la trama se adhiere de cerca a los hechos reales que rodearon el ascenso y la breve destitución de Altman de la compañía. Un elemento central de la narrativa es el uso recurrente del Puente de Golden Gate de San Francisco como metáfora visual de la construcción de sistemas de IA omnipotentes, donde Altman utiliza la imagen del puente para convencer a Sutskever de la importancia de su visión y, posteriormente, para ejercer un control sobre el científico.

El análisis de las fuentes revela una perspectiva diametralmente opuesta a la de la película 'The Social Network' (2010), dirigida por David Fincher. Mientras que la última filmó a los genios de la computación como arquitectos robustos del futuro, 'Artificial' los presenta como individuos egocéntricos y sociópatas. Guadagnino, conocido por dramas como 'Challengers' y 'Call Me by Your Name', ha optado por un tono de comedia negra que se acerca al surrealismo, en lugar de la elegancia dramática de Fincher. La película es descrita como 'literalmente y figurativamente sexless' (sin sexo), con escenas que, aunque tensas, carecen de la sensualidad de su director. Por ejemplo, una secuencia en cámara lenta de programadores bebiéndose Jarritos para celebrar un hito de autoaprendizaje es descrita como 'pegajosa y no sexy', mientras que una escena climática en una calle de San Francisco recuerda a los fondos de pantalla de 'The Room', una película cult de Tommy Wiseau.

Las implicaciones de la película se extienden más allá de la ficción, tocando temas críticos de la seguridad de la IA. En el NYFF, Dennis Lim, director artístico del festival, hizo referencia a las 'circunstancias' de la película durante su introducción. La obra aborda las alarmas sobre el 'fin del juego' para la humanidad, citando declaraciones de exempleados de Anthropic, como Jacob Coxon, quien comparó a la empresa con el Proyecto Manhattan. La película argumenta que, al igual que con las armas nucleares en el siglo XX, la tecnología ya existe y el problema no es el poder en sí, sino quién está autorizado a controlarlo y cómo. Esto genera un conflicto moral donde la seguridad se presenta como una herramienta de beneficio corporativo, mientras que la capacidad de daño se ve como una prueba de avance tecnológico.

La recepción de la película ha sido polarizada. Por un lado, confirma las preocupaciones de los 'doomers' (los pesimistas de la IA) al mostrar a los líderes de la industria unidos en frenar la aceleración tecnológica, aunque con un enfoque cínico. Por otro lado, ha enojado a los defensores de la IA, quienes ven la película como una confirmación de sus peores temores. La presencia de estrellas de Hollywood en la gala de estreno, incluyendo a Paul Schrader, ha añadido una capa de ironía, ya que Schrader ha confesado recientemente haber sido abandonado por una 'novia de IA'.

En conclusión, 'Artificial' es una película que funciona como un mensaje moralmente ambiguo. Es divertida en su tratamiento de los ingenieros con desprecio, pero frustrante por su tono pesimista. La película no busca ser un manual de seguridad, sino una crítica social a la obsesión por el poder tecnológico. Tras su estreno, la película permanece en el debate público, sirviendo como un espejo distorsionado de la realidad actual de la IA, donde la ética y la seguridad son, según la película, secundarias frente a la carrera por el control de la computación. El futuro de la IA, según la sátira, parece estar en manos de quienes tienen el poder, y la película sugiere que el debate ético se ha convertido en un asunto académico o, peor aún, en una distracción para los que realmente controlan la tecnología.