La OTAN enfrenta un grave desafío logístico: su red de oleoductos, construida durante la Guerra Fría para abastecer a las fuerzas en Europa occidental, no ha seguido el desplazamiento de tropas hacia el este. Esta infraestructura, que atraviesa 12 países y almacena 4,1 millones de metros cúbicos de combustible, requiere extenderse 1.000 kilómetros hacia Rusia, un proceso que podría durar hasta 25 años. El teniente general Kai Rohrschneider, responsable del mando logístico de la Alianza, ha advertido que el transporte de combustible en grandes cantidades es uno de los mayores obstáculos para las operaciones militares actuales. Un estudio del Centro de Estudios Orientales de Polonia estima que la aviación podría consumir hasta el 85% del combustible militar, mientras que una sola brigada blindada necesita más de 300.000 litros diarios. Polonia ya ha firmado un acuerdo para construir 300 kilómetros de nuevas conducciones por 5.500 millones de dólares, pero el proyecto global de expansión, valorado en 21.000 millones de euros, sigue en fase de planificación. La Alianza debe desarrollar depósitos protegidos, rutas alternativas y soluciones para los países bálticos, Finlandia y Rumanía, asegurando el suministro incluso si la infraestructura existente resulta dañada.
