En apenas dos semanas, la OTAN, Reino Unido y Alemania han movido ficha de forma coordinada para situar a los drones en el centro de sus estrategias de defensa, animados por las lecciones de la guerra en Ucrania y el uso de drones Shahed por parte de Irán. El secretario general de la alianza, Mark Rutte, anunció la conversión de la OTAN en una organización "drone-ready" con una inversión superior a 40.000 millones de dólares en capacidades antidrones durante los próximos cinco años. Rutte afirmó que los drones "han alterado fundamentalmente el carácter de la guerra moderna" y citó el conflicto entre Rusia y Ucrania como ejemplo de su influencia decisive en el campo de batalla.
Reino Unido, por su parte, comprometió 5.000 millones de libras (unos 6.700 millones de dólares) dentro de su Plan de Inversión en Defensa para un programa nacional de "transformación de drones". Alemania, con un movimiento más discreto, adquirió 50.000 drones equipados con el sistema operativo de la firma de software de defensa Auterion y el fabricante ucraniano Skyfall, en un pedido de 90 millones de euros encargado por un país de la OTAN confirmado como Alemania.
El episodio más simbólico lo protagoniza Helsing, la empresa emergente muniquesa de drones, vigilancia submarina y software de IA militar, que acaba de cerrar una ronda de financiación que la valora en 18.000 millones de dólares. La operación confirma el giro de la industria de defensa europea hacia un modelo en el que el software y la autonomía pesan tanto como el hardware tradicional.
