La construcción de centros de datos se ha convertido en el catalizador de una oposición política bipartisan sin precedentes en Estados Unidos, según explicó la periodista de políticas de The Verge Gaby Del Valle en el podcast Decoder. En el condado de Hernando (Florida), la comisión aprobó por unanimidad una moratoria de un año para nuevas construcciones tras una protesta del grupo conservador Humans First, fundado por una antigua organizadora del Tea Party. Movimientos similares han surgido en Arizona y Tucson, donde vecinos rechazan proyectos por motivos tan dispares como la humedad, la escasez de agua o la contaminación por PFAS. Del Valle sostiene que el fenómeno responde a un eje populismo versus tecnocracia que trasciende la tradicional división izquierda-derecha: votantes republicanos firmes se alían con causas progresistas como la protección de acuíferos o la lucha contra los compuestos químicos permanentes. Los centros de datos actúan como símbolo físico del malestar generado por la inteligencia artificial: su gran tamaño, su impacto ambiental y su papel en la economía digital los convierten en un blanco tangible en reuniones municipales donde los ciudadanos pueden ejercer presión directa. El reportaje documenta además la difusión de bulos, como la afirmación de que el ganado nace muerto cerca de estas instalaciones, originada en un único caso en Texas y amplificada por redes sociales. También pesan los vínculos corporativos: en Tucson, la sospecha de que un proyecto de Amazon Web Services facilita las deportaciones de ICE ha intensificado la protesta. Con las elecciones de medio mandato en el horizonte, Del Valle anticipa que estos movimientos marcarán la agenda de política tecnológica durante los próximos ciclos electorales.
