La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el viernes, por 164 votos a favor, uno en contra y seis abstenciones, una resolución que promueve el uso de proyecciones cartográficas que representen a África y otras regiones en su tamaño real relativo, poniendo en cuestión la hegemonía del mapamundi de Mercator que ha dominado la imaginación global durante más de cuatro siglos.
La resolución, titulada "Correct the Map" ("Corregir el mapa"), fue presentada por Togo en nombre del Grupo Africano, las 54 naciones del continente que forman parte de la ONU, y cuenta con el respaldo de la Unión Africana. Su objetivo es fomentar la adopción de proyecciones equiáreas como Equal Earth, desarrollada en 2018 por los cartógrafos Tom Patterson, Bernhard Jenny y Bojan Šavrič, que muestran con mayor fidelidad las proporciones reales de los continentes, aunque a costa de cierta distorsión en las formas.
El contexto de la votación revela una larga disputa sobre cómo se ha representado al mundo. La proyección de Mercator, creada en 1569 por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, fue diseñada para resolver un problema práctico de navegación: permitía a los marineros trazar rutas en línea recta manteniendo un rumbo constante de brújula, una ventaja formidable para la exploración oceánica del siglo XVI. Sin embargo, esa utilidad tuvo un precio visual enorme: los territorios cercanos al ecuador aparecen proporcionalmente reducidos, mientras que las superficies se agrandan a medida que se acercan a los polos. El resultado es tan engañoso que Groenlandia parece comparable a África en el mapa, cuando en realidad el continente africano es unas 14 veces mayor. La campaña #CorrectTheMap ilustra esta distorsión con una comparación aún más elocuente: dentro de África podrían colocarse Estados Unidos, China, India, Japón, México y gran parte de Europa, y aún quedaría territorio libre.
La resolución no es legalmente vinculante: ni prohíbe el uso de Mercator ni obliga a adoptar un mapa alternativo. Su alcance es más sutil pero potencialmente profundo, pues alienta a gobiernos, organizaciones internacionales e instituciones educativas a incorporar proyecciones más precisas en aulas, medios de comunicación y cartografía oficial.
Antes de la votación, el ministro de Asuntos Exteriores de Togo, Robert Dussey, defendió la iniciativa con un argumento que trasciende lo técnico: "Los mapas moldean nuestra comprensión del mundo. Guían la educación, alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas. Es hora de que en África asumamos la responsabilidad de cambiar lo que podemos cambiar nosotros mismos". Por su parte, Tom Patterson, ex cartógrafo jefe del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos y codesarrollador de Equal Earth, advirtió de que "si se usa el mapa de Mercator como mapa mundial, por ejemplo en las aulas, los alumnos tendrían una visión completamente distorsionada del tamaño de los países". Tras conocer el resultado, Patterson expresó su sorpresa en redes sociales: "Vaya. Cuando creamos la proyección Equal Earth en 2018, nunca imaginamos esto".
El único voto en contra fue el de Estados Unidos. Tras la votación, Yaryna Ferencevych, representante adjunta de Washington ante el Consejo Económico y Social de la ONU, acusó a la organización de promover una "agenda ideológica" y de distraer de cuestiones más urgentes. "Resoluciones como esta y la agenda ideológica que promueven son percebes en nuestro trabajo aquí, y la razón por la que esta institución está perdiendo credibilidad", declaró.
La Unión Africana celebró el resultado como un hito histórico en su comunicado oficial: "La resolución de hoy promueve mapas equiáreos como Equal Earth en las aulas, los medios y las instituciones internacionales, garantizando que el mapa mundial refleje finalmente la verdadera escala, el peso y el lugar de África en el mundo". Carlos Lopes, profesor de la Universidad de Ciudad del Cabo y destacado defensor de la campaña, calificó la jornada de "emocionante" y celebró los 164 votos a favor.
La decisión marca un punto de inflexión simbólico en un debate que llevaba años creciendo fuera de los círculos cartográficos. Aunque el cambio real será gradual —dependiendo de políticas educativas, editores de atlas y plataformas digitales—, el peso de una resolución de la Asamblea General otorga legitimidad institucional a una reivindicación que combina precisión científica con una lectura política sobre cómo el mundo se ha visto a sí mismo durante siglos. La transición del mapamundi de Mercator al de Equal Earth no será inmediata, pero el mensaje es claro: para una abrumadora mayoría de la comunidad internacional, la imagen del planeta que ha predominado desde el Renacimiento necesita, por fin, una corrección.
