La Semana de Acción Climática de Londres, un foro diseñado para abordar la reducción de emisiones, se ha convertido en ejemplo de los efectos del calentamiento global. El evento, que esperaba congregar a 75.000 personas en más de 1.000 actividades durante nueve días, se celebra mientras la Oficina Meteorológica del Reino Unido prevé temperaturas de 39 grados Celsius el miércoles, un registro que batiría el récord de junio y se acercaría al máximo histórico británico.
El secretario general de la ONU, António Guterres, inauguró el martes el encuentro con una frase ilustrativa: "Londres no solo está llamando, está cociéndose". Una cúpula de calor —una masa de alta presión que atrapa el aire cálido como una tapa— cubre Europa y mantiene en alerta a países que han cerrado escuelas, plantas nucleares y han reducido servicios ferroviarios para evitar el sobrecalentamiento de las vías.
Las altas temperaturas han provocado cancelaciones dentro del propio programa: se suspendió un acto sobre calor extremo en una biblioteca sin aire acondicionado, y la organización Earthwatch Europe aplazó actividades familiares en Hammersmith Park. Asistentes con condiciones cardiacas, asma o vehículos sin autonomía suficiente han renunciado a participar, y las operadoras ferroviarias han desaconsejado los viajes no esenciales. El Gobierno británico ha advertido del riesgo para la salud pública y recordó que en 2024 se contabilizaron más de 1.500 muertes relacionadas con el calor en el país.
