La ola de calor que azota España a finales de junio ha vuelto a poner el foco en el parque nuclear, responsable de cerca del 20% de la electricidad nacional. Los siete reactores en operación —Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes, Trillo y Vandellós II— pueden reducir potencia o detenerse de forma temporal, pero no por un fallo de seguridad, sino por una decisión ambiental: la normativa limita la temperatura del agua devuelta al río o al mar, y la central prefiere bajar ritmo antes que incumplirla. Cada planta gestiona su refrigeración de forma distinta: Ascó, Cofrentes y Trillo usan agua de río que atraviesa torres de más de 160 metros, reduciendo entre veinte y treinta veces el caudal necesario; Almaraz depende del embalse cerrado de Arrocampo, lo que la independiza del régimen fluvial; y Vandellós II toma agua del Mediterráneo, cuya estabilidad térmica es muy superior a la de un río. El Consejo de Seguridad Nuclear publica en tiempo real el estado operativo de cada instalación. En paralelo, el calendario de cierre avanza: Almaraz I en 2027, Almaraz II en 2028, Ascó I y Cofrentes en 2030, Ascó II en 2032, y Vandellós II y Trillo en 2035.
