La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) declaró este jueves el inicio oficial del fenómeno climático de El Niño, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico tropical oriental. La NOAA sitúa en un 63 % la probabilidad de que esta edición supere el umbral de 3,6 °F (unos 2 °C) sobre la media, lo que la clasificaría como un «súper El Niño», y algunos modelos climáticos prevén que rebase los 5,4 °F, lo que lo convertiría en el más intenso desde que hay registros.
El Niño altera la atmósfera regional y desencadena efectos meteorológicos en cascada en todo el planeta: aumenta las probabilidades de lluvias en el suroeste de Estados Unidos, reduce la actividad de huracanes en el Atlántico y agrava la sequía en Indonesia y el Sahel. El fenómeno libera además calor adicional a una atmósfera ya de por sí recalentada por la quema de combustibles fósiles, lo que eleva la probabilidad de que 2026 figure entre los años más cálidos jamás medidos. Entre los precedentes destructivos figuran los episodios de 1982-83, que provocó el desbordamiento del lago Mead; el de 1997-98, responsable de la peor sequía de Indonesia; y el de 2023-24, que sumió al sur de África en la peor sequía en un siglo y dejó a 61 millones de personas dependientes de ayuda alimentaria. La degradación de los arrecifes de coral, ya estresados por el aumento de las temperaturas, es otro de los impactos documentados.
