Una investigación publicada en Trends in Neurosciences propone que la risa no depende de un único circuito cerebral, sino de al menos dos redes parcialmente separadas: una vinculada a la risa espontánea y emocional, y otra a la risa voluntaria o social. Para llegar a esa conclusión, los autores analizaron a decenas de pacientes a los que estimularon eléctricamente mientras estaban despiertos, observando qué áreas del cerebro se activaban al comenzar a reír.
El primer circuito, considerado "ancestral", se enciende ante un chiste brillante o durante las cosquillas. Es involuntario y puramente emocional, y activa regiones primitivas como el núcleo accumbens, ligado al sistema de recompensa. El segundo circuito se activa cuando emitimos una risa por cortesía para integrarnos en una conversación o mostrar empatía, y depende del control motor y cognitivo, funciones más recientes en la escala filogenética humana.
Esta separación explica por qué algunas enfermedades neurológicas anulan la capacidad de reír a voluntad pero conservan la carcajada espontánea. Además, un estudio complementario publicado en Communications Biology comparó la acústica y el ritmo de las vocalizaciones de humanos y grandes simios ante cosquillas, y halló un patrón rítmico compartido que apunta a una continuidad evolutiva: la risa espontánea sería un eco directo de la vocalización de los ancestros homínidos, mientras que la risa voluntaria surgió cuando el cerebro del Homo sapiens "secuestró" esa base emocional para desarrollar el control vocal y, con el tiempo, el lenguaje.
