La NASA ha seleccionado el telescopio PRIMA como la primera misión de su nueva categoría de tamaño medio, con un presupuesto de 1.200 millones de dólares y un lanzamiento previsto para 2033. Esta iniciativa busca resolver la limitación de los observatorios espaciales actuales, como Hubble, James Webb y Roman, que no pueden medir la banda del infrarrojo lejano. Dado que aproximadamente la mitad de la luz emitida por estrellas y galaxias a lo largo de la historia cósmica se encuentra en esta región del espectro, la misión permitirá acceder a información crucial sobre el origen de las atmósferas planetarias, la evolución de los agujeros negros y la acumulación de polvo interestelar.
PRIMA operará desde el punto de Lagrange L2, la misma órbita donde se encuentra el James Webb y donde se dirigirá el Roman. Esta ubicación estratégica permitirá a los tres telescopios trabajar de forma coordinada. El investigador George Helou, de Caltech, destaca que la falta de instrumentos en esta banda equivale a perder la mitad de las páginas de un libro cósmico, ya que el polvo interestelar absorbe la luz visible y ultravioleta, reemitiéndola en el infrarrojo. El telescopio Herschel, el último capaz de operar en esta región, dejó de funcionar en 2013 tras agotar su refrigerante. Los 1.200 millones de dólares no incluyen el costo del lanzamiento, por lo que la NASA debe encontrar un vehículo adecuado para impulsar la misión al espacio.
