La máquina que arruinó a Mark Twain: lecciones del primer sueño de la automatización

Fuentes: The "mechanical miracle" that ruined Mark Twain's life

A finales del siglo XIX, Mark Twain invirtió el equivalente a unos diez millones de dólares actuales en la Paige Compositor, una máquina compositora de tipos diseñada por James W. Paige. Twain, que había sido aprendiz de imprenta, quedó fascinado por aquel ingenio de más de 18.000 piezas y lo describió como un prodigio mecánico superior al teléfono, la locomotora e incluso las calculadoras de Babbage. Convencido de que el mundo necesitaría unos cien mil ejemplares, hipotecó los ingresos de sus libros y la fortuna heredada de su esposa. La máquina nunca llegó a funcionar de forma fiable. Su mayor defecto fue la complejidad: intentaba replicar cada uno de los movimientos del cajista humano, mientras que su rival, la Linotype, optó por simplificar el problema fundiendo líneas de tipo completas. Más fácil de fabricar y reparar, la Linotype se impuso en el mercado. Twain cayó en bancarrota, Paige murió en el olvido y la mayor parte de los prototipos acabaron destruidos, incluido el donado a la Universidad de Cornell, fundido en una colecta de chatarra durante la Segunda Guerra Mundial. El artículo extrae tres lecciones vigentes: el diseño debe ser robusto y reparable por usuarios corrientes, la adopción social de toda innovación es más lenta de lo que prevén sus impulsores, y las tecnologías transformadoras suelen rediseñar la tarea en vez de imitarla. Twain intuyó con notable acierto la escala histórica de la automatización del lenguaje escrito, línea que conecta la mecanización de la imprenta con los primeros ordenadores y la inteligencia artificial.