La médica de urgencias Joy Evers (Hardison) relata cómo su esposo Randy, empresario sin antecedentes de enfermedad mental, desarrolló una depresión grave con ideas suicidas y fue internado en un centro psiquiátrico dentro de la red de su seguro comercial, considerado de los mejores de Estados Unidos. Seis días después del ingreso programado para ocho semanas, la aseguradora denegó la continuidad del tratamiento argumentando que, al no tener historial psiquiátrico previo, no era necesaria la hospitalización. El recurso de apelación del centro fue rechazado y Randy fue dado de alta forzada. En los meses siguientes pasó por un ciclo de programas ambulatorios fallidos, visitas a urgencias y altas prematuras. Su estado se agravó con delirios paranoicos y psicosis. La autora describe el momento en que recibió la llamada del forense mientras atendía a una niña con problemas respiratorios y el hallazgo posterior del cuerpo de Randy. Evers señala que, aun siendo médica y habiendo investigado el mejor centro posible, no pudo evitar el desenlace, y argumenta que la decisión de la aseguradora de interrumpir la cobertura fue determinante. El texto incluye un recurso de ayuda (línea 988) para personas en riesgo de suicidio.
