El Canal de la Presa de la Tierra, un sistema de riego histórico de la comarca del Órbigo (León) que funcionó desde 1524, permanece completamente seco desde hace más de un año. Esta situación no se debe a sequía, sino a la ejecución de un proyecto de modernización gestionado por SEIASA y ejecutado por Tragsa, cuyo objetivo era sustituir las acequias tradicionales por tuberías enterradas y sistemas de telecontrol para ahorrar agua. La obra, iniciada con 10,4 millones de euros y elevada a más de 12,19 millones en 2022 debido a la inflación, afecta a 1.970 regantes que cultivan 1.260 hectáreas en siete pueblos: Benavides, Gualtares, San Feliz, Villares, Hospital, Villarejo y Veguellina de Órbigo.
El impacto social y ambiental es significativo. El catedrático Eloy Bécares advierte que estas presas no solo regaban, sino que servían como refugio para especies acuáticas, incluyendo al mejillón de río (Margaritifera margaritifera), especie en peligro de extinción que ya ha desaparecido de la zona. Los vecinos de los pueblos afectados, cuya población ha descendido drásticamente debido al éxodo rural, ahora deben regar sus huertos con garrafas o mangueras, lo que ha provocado la sequía de árboles frutales y la pérdida de biodiversidad. Además, la falta de agua ha afectado al patrimonio histórico, como los molinos harineros y la antigua azucarera de Veguellina de Órbigo.
El conflicto legal se ha trasladado a los tribunales, donde un juzgado de Astorga admitió a trámite una denuncia penal por "distracción de aguas de uso público" contra la Comunidad de Regantes. La decisión de no devolver el agua a la presa modernaizada depende de la Confederación Hidrográfica del Duero y de la propia Comunidad de Regantes, ninguna de las cuales ha autorizado un caudal mínimo. Este caso se enmarca en una tendencia nacional, ya que España ha invertido más de 2.900 millones de euros desde 2000 en modernizar regadíos, priorizando la eficiencia hídrica sobre la conservación de los ecosistemas fluviales.
