La acacia (Acacia dealbata), conocida popularmente como mimosa, es una especie exótica invasora en España, salvo en Canarias y Baleares. Aunque su introducción en Europa en 1824 fue deliberada con fines decorativos y de fijación de suelos, su rápida proliferación ha desplazado a la flora autóctona. En Galicia, esta planta ocupa zonas bajas y medias hasta 600 metros de altitud, integrándose incluso en la estructura de viñedos. Su principal vulnerabilidad es la pirofilia: arde con rapidez y sus semillas latentes germinan en suelos quemados, facilitando la expansión tras incendios forestales. Además, consume grandes cantidades de agua y acidifica el suelo, empobreciéndolo. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico señala que su erradicación es costosa y requiere constancia. Las medidas incluyen evitar su uso en jardinería, mantener la cubierta vegetal natural y aplicar glifosato en tocones. Operaciones de control se realizan en las cuencas del Tajo y el Guadiana, utilizando métodos mecánicos, químicos y biológicos, como la inoculación de hongos en Mérida o el control físico en Madrid.
