Una investigación de la Universidad de Exeter, dirigida por el profesor Nahyan Fancy, reconstruye cómo los médicos del mundo islámico medieval estudiaron el ʿishq —el amor enfermizo— como una dolencia con síntomas, causas y tratamientos diferenciados, en un debate que se extendió entre los siglos X y XVI. La separación respecto a la tradición grecorromana, que lo vinculaba a la melancolía, se consolidó a partir de la observación clínica y el intercambio con la filosofía, la teología y la literatura. Avicena (Ibn Sīnā) llevó esa distinción al cuerpo en el siglo XI al describir casos en los que la obsesión amorosa debilitaba físicamente al paciente, mientras que Ibn al-Nafīs propuso dos siglos después una explicación fisiológica basada en la acumulación de fluidos seminales, que consideraba más expuestos a los jóvenes, los solteros y las personas virtuosas. El perfil del enfermo también cambió con el tiempo: si en el siglo X el ʿishq se asociaba a personas licenciosas e impulsivas, autores posteriores aceptaron que santos, sabios y profetas podían sufrirlo. Influidos por el sufismo y por figuras como Rumi, los médicos incluyeron el amor místico en sus tratados. Ibn al-Mubārak, médico de los sultanes Selim I y Solimán el Magnífico, adaptó los tratamientos al origen del sufrimiento y rechazó las relaciones sexuales como solución cuando el ʿishq carecía de deseo carnal, al interpretarlo como efecto de la devoción.
