A fines del verano de 1906, el Lower East Side de Nueva York vivió uno de los peores motines de su historia. El detonante no fue una disputa entre gánsteres, sino una decisión médica: en escuelas públicas saturadas por la inmigración, varios médicos enviados por el Departamento de Salud extirparon las adenoides de miles de niños sin anestesia y en condiciones higiénicas deplorables, y algunos menores murieron. La noticia corrió en yiddish por los patios y pasillos, y multitudes de padres atacaron a médicos, maestros, periodistas y hasta a trabajadores de servicios públicos, exigiendo su ejecución. El episodio más dramático narrado ocurrió el 27 de junio en la farmacia de Edmund Lawall, en la calle Ocho y la avenida C, donde un doctor perseguido por una muchedumbre se refugió bajo la protección del farmacéutico.
El artículo sitúa la violencia en su contexto: en 1906 Manhattan tenía cerca de 565.000 alumnos matriculados y densidades de hasta 250.000 personas por milla cuadrada; los alumnos de P.S. 110 provenían de familias hacinadas en tenements sin agua corriente. Explica que la capacidad se desbordaba año tras año, que las clases reunían hasta 60 niños y que decenas de miles recibían solo media jornada escolar. Para relatar la firmeza vecinal y escolar presenta a Adeline E. Simpson, directora de P.S. 110 —el colegio atacado con más saña—, y al gánster Monk Eastman, vecino del edificio, como contrapunto: ella había logrado que Eastman dejara de disparar contra la escuela tras confrontarlo directamente. Estos personajes enmarcan la campaña de matanzas y el estallido final contra escuelas y centros de vacunación del barrio.
