La logopeda Ainhoa Parra, del equipo Logopedia Parra, sostiene que considerar las aplicaciones o pantallas como herramienta principal para enseñar a hablar a los niños pequeños es un error, porque la adquisición del lenguaje requiere interacción humana directa y activa. Los tres primeros años de vida son clave para desarrollar habilidades previas como el contacto visual, la atención conjunta, la imitación, el respeto de turnos y la intención comunicativa, capacidades que se construyen mediante el intercambio con adultos, no mediante la recepción pasiva de contenidos digitales.
Un estudio publicado en Acta Paediatrica indica que los niños que comienzan a ver la televisión antes de los 12 meses y la utilizan más de dos horas diarias multiplican por seis la probabilidad de presentar retrasos en el lenguaje. En consulta, Parra observa menor tolerancia a la frustración, menor capacidad de espera, dificultades de atención sostenida, reducción del juego simbólico y menos exploración activa del entorno, todas ellas habilidades vinculadas al desarrollo lingüístico.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los menores de dos años no tengan contacto con pantallas y que los niños de dos a cinco años no superen una hora diaria. Parra aboga por aplicar estas pautas junto con la elección de contenido didáctico e interactivo, la presencia del adulto durante el visionado y, sobre todo, el aumento de las oportunidades de comunicación real, juego compartido e interacción social, que constituyen el verdadero factor protector del lenguaje.
