La Loba Capitolina, la estatua de bronce que representa a los gemelos Rómulo y Remo amamantados por una loba, es uno de los símbolos más reconocibles de la mitología romana y, según la leyenda, también uno de los lazos fundacionales entre Roma y Siena. El relato tradicional sostiene que, tras la muerte de Remo a manos de Rómulo, los hijos de este último —Senio y Asquio— huyeron de Roma llevando consigo una imagen de la loba como reliquia familiar. Tras fundar Siena, adoptaron al animal como emblema de la nueva ciudad, vinculando así ambas capitales a través de un mismo ancestro mítico.
Ese nexo se materializa hoy en el patrimonio artístico y arquitectónico de Siena. En la Piazza Tolomei se alza una escultura de Rómulo y Remo con la loba; en el Palazzo Pubblico de la Piazza del Campo, sede del ayuntamiento, otra estatua refuerza la conexión con Roma. La loba aparece también en gárgolas de la Torre del Mangia y del propio Palazzo Pubblico, así como en la fuente Fonte Gaia, donde figura una pieza escultórica de notable factura. Su escudo de armas y los suelos de mármol del Duomo completan la presencia del símbolo por toda la ciudad.
En Roma, la loba original se conserva en los Museos Capitolinos, en la colina del Capitolio, donde fue durante años atribuida a un origen etrusco. El artículo describe la visita del autor a ambos lugares y reflexiona sobre cómo un mismo mito fundador ha servido para articular identidades cívicas distintas pero emparentadas, manteniendo viva la figura de la loba como emblema de supervivencia, protección y memoria familiar.
