Entre 1890 y 1891, Eugene Schieffelin, miembro de la American Acclimatization Society, liberó unos 100 estorninos europeos en Central Park, Nueva York. Aquel núcleo diminuto se convirtió en la población fundadora de una de las expansiones animales más vertiginosas registradas en Norteamérica: en pocas décadas la especie cruzó el continente de costa a costa y llegó a alcanzar un máximo estimado de 200 millones de adultos reproductores, multiplicando la población inicial por alrededor de dos millones. Un estudio del Cornell Lab of Ornithology publicado en Molecular Ecology demostró que, en apenas 130 años, los estorninos experimentaron una rápida adaptación local: pequeñas variantes genéticas presentes en la población original resultaron ventajosas en climas distintos conforme los pájaros colonizaban nuevas regiones, lo que explica parte de su éxito más allá de su mera capacidad reproductiva. La popular leyenda que atribuye a Schieffelin el deseo de introducir todas las aves mencionadas por Shakespeare —el estornino aparece en Enrique IV— carece, según una investigación de 2021 de Lauren Fugate y John MacNeill Miller, de respaldo documental y probablemente fue un añadido posterior. La proliferación tuvo consecuencias graves: el 4 de octubre de 1960, el vuelo 375 de Eastern Air Lines se estrelló en Boston tras impactar contra una bandada, causando 62 muertos y el peor accidente por colisión con aves en la historia de la aviación estadounidense. La especie es además considerada una de las principales aves invasoras con conflictos agrícolas en EE. UU., con cuantiosos daños a cultivos y ganado.
