La ley de Tesler explica por qué automatizar plantillas de tecnología es un error de categoría

Fuentes: Tech CEOs are breaking the law

Reducir la fricción para el consumidor es la filosofía rectora de Silicon Valley, y los teléfonos inteligentes representan su máxima expresión: pedir un taxi, comprar un libro o buscar información son hoy transacciones de un solo clic. Toda la complejidad se ha desplazado hacia algoritmos, redes logísticas y centros de datos a gran escala. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial generativa está llevando a algunos máximos ejecutivos tecnológicos a creer que pueden optimizar sus propias empresas con la misma lógica, automatizando a sus plantillas de ingenieros, diseñadores y product managers.

El argumento, basado en la ley de Tesler —también llamada de conservación de la complejidad y formulada por Larry Tesler en Xerox PARC en los años ochenta—, sostiene que toda tarea tiene una carga de esfuerzo irreductible que debe repartirse entre el sistema y el usuario. Externalizar esa carga intelectual en un modelo de lenguaje grande no la elimina, solo la desplaza y genera una regresión infinita. Además, descubrir qué construir, para quién y por qué requiere un proceso deliberativo que no puede automatizarse. Una empresa no puede prescindir de las personas internas si pretende servir de forma significativa a las personas externas.