La lectura adolescente cae a su peor nivel del siglo por el aumento del uso de pantallas
El último informe PISA 2025, publicado por la OCDE y elaborado a partir del examen a 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países, revela una caída sin precedentes en el rendimiento académico juvenil. Los resultados en lectura se sitúan en los niveles más bajos desde que comenzaron a recopilarse datos en el año 2000, con una puntuación media de 466 puntos en el índice PISA, frente al máximo histórico de 501 alcanzado en 2012. Esto supone un retroceso equivalente a aproximadamente un año de escolarización, según advirtió la OCDE.
El secretario general del organismo, Mathias Cormann, fue categórico al presentar los resultados: "En lectura, más tiempo de pantalla y menos lectura por placer han ido de la mano de peores resultados. También estamos viendo una lectura más apresurada, con estudiantes que pasan rápidamente por el texto y dan una respuesta rápida e incorrecta". El informe subraya que el descenso ha sido más pronunciado entre los estudiantes de entornos socioeconómicos favorables, un dato que rompe con la lógica esperada según la cual las dificultades educativas suelen concentrarse en los sectores más vulnerables.
La fotografía general es sombría. En la última década, entre 2015 y 2025, el rendimiento medio en los países de la OCDE cayó 28 puntos en habilidad lectora y 22 en matemáticas. Casi el 20% de los adolescentes muestran ahora bajos rendimientos en ciencias y letras, un umbral crítico para el futuro de estas cohortes. Las competencias científicas también tocaron suelo histórico: la puntuación descendió desde los 506 puntos de 2009 hasta 486, mientras que en matemáticas se pasó de 502 a 469 en el mismo periodo.
La causa apuntada con más firmeza es el uso intensivo de dispositivos digitales. Los estudiantes dedican, de media, 3,4 horas diarias al ocio frente a pantallas y otras 3 horas adicionales al día en entornos escolares y académicos. Cuando el uso supera las cinco horas diarias, los resultados empiezan a caer de forma significativa, según el estudio. Además, la distracción digital está vinculada a peores puntuaciones en ciencias en 59 de los 82 sistemas educativos analizados, y más de uno de cada cuatro estudiantes reconoce que los dispositivos distraen a sus compañeros durante las clases de ciencias.
Otro hallazgo relevante es el impacto de la inteligencia artificial. Cerca de la mitad de los alumnos utilizan chatbots de IA con regularidad para aprender, pero quienes los emplean para redactar ensayos, resumir textos o investigar temas obtienen, de media, unos 20 puntos menos en ciencias, el equivalente nuevamente a un curso escolar perdido.
Frente a este panorama global, existe un contraste regional marcado. Asia Oriental y el Sudeste Asiático siguen dominando la clasificación: Singapur (535 puntos), las provincias chinas participantes (527), Taipéi (508), Japón (503) y Macao y Corea del Sur (501) son los únicos territorios que superan los 500 puntos en lectura. La media de la OCDE, en cambio, se quedó en 461 puntos. Fuera de Asia, solo Reino Unido, Estonia e Irlanda lograron situarse en el grupo de cabeza. España, aunque no figura entre los mejores, no fue analizada en detalle en el informe principal de Reuters; Xataka, por su parte, señala que su rendimiento está lejos del promedio de la OCDE y ha empeorado respecto a ediciones anteriores, con una trayectoria descendente en lectura.
Hay, no obstante, señales de esperanza en otros lugares. Los resultados en ciencias mejoraron en países como Turquía, República Dominicana, Georgia, Macao, Montenegro, Catar, Tailandia y Emiratos Árabes Unidos, lo que sugiere que la tendencia a la baja no es irreversible. La propia OCDE se abstuvo de recomendar prohibiciones de teléfonos inteligentes en las escuelas, pero insistió en que las herramientas digitales y la IA deben usarse "con cuidado, para fines bien definidos y de forma moderada".
El mensaje de fondo es claro: la degradación educativa detectada por PISA 2025 obliga a una reacción urgente. Con niveles de lectura en mínimos históricos y un uso creciente e incontrolado de pantallas, los gobiernos se enfrentan al reto de recuperar el terreno perdido antes de que las nuevas generaciones lleguen a la vida adulta con competencias mermadas en comprensión lectora, matemáticas y ciencias.
