La isla El Ojo, situada en el Delta del Paraná y perteneciente al municipio de El Escobar, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires, destaca por su forma circular casi perfecta y su capacidad de rotación constante. Con un diámetro actual de aproximadamente 118 metros, este terreno de tierra rodeado de agua ha captado la atención de la comunidad científica y el público general, especialmente tras su visibilidad en el cine de Sergio Neuspiller en 2016. Aunque imágenes satelitales confirman su existencia desde 2003, testimonios sugieren que ya era conocida en la década de 1980.
El fenómeno no es paranormal, sino el resultado de procesos geofísicos bien documentados. La isla gira sobre su propio eje debido al flujo del río que la atraviesa, creando un remolino que genera un movimiento de cizalla. Este rozamiento constante erosiona y pule los bordes exteriores, manteniendo la forma circular y provocando una lenta disminución del tamaño de la isla. La física subyacente es similar a la de los discos de hielo giratorios, que también se forman por la combinación de rotación y desgaste periférico.
Investigaciones recientes, incluidas simulaciones de Singapur en 2025, han confirmado que un mecanismo térmico basado en la anomalía de densidad del agua (que alcanza su punto máximo a 4 °C) explica el giro. Este hundimiento de agua fría rompe el equilibrio del sistema y pone a girar el disco. El estudio de este mecanismo tiene relevancia para explicar otros procesos geofísicos, como la deriva continental o el volcamiento de icebergs, demostrando que la naturaleza puede generar geometrías complejas mediante la combinación de rotación y erosión sostenida en el tiempo.
